La crónica es el alma del periodismo y vale más un buen cronista que diez editorialistas
Alberto Amato · Ocho clases, los viernes 6, 20, 27 de agosto, 3, 17, 24 de setiembre y 1 y 8 de octubre, de 19 a 21. La historia del mundo es una larga y valiosa crónica. Nuestra historia personal es una crónica periodística. Es mejor que sepamos cómo armarla y cómo narrarla para acercarla a la comprensión. El objetivo del curso es vincular la crónica periodística con la investigación y la narrativa y acercar a los participantes a un lenguaje periodístico más rico, más claro, más preciso, más despejado y despojado, más directo y descriptivo. Crucemos los dedos para que así sea. El espíritu que guiará las ocho charlas programadas se centra en acercarnos a un periodismo que permite imprimir el sello personal del periodista, el que esboza un estilo, el que opina con los hechos: esa es la principal tarea de todo cronista. Por cierto, habrá un recorrido por la estructura de la crónica, cabezas noticiosas y remates, qué ve un cronista cuando mira, crónicas históricas, historias de vida y otras amenidades. Planeamos una práctica relativamente intensa, si es que eso también es posible. Los ejercicios van a plantear algunos desafíos acaso interesantes pero nunca aburridos: por ejemplo, la ruptura del esquema mental que nos impide relatar un hecho en forma escrita de la misma forma que lo relatamos en forma verbal; por ejemplo, el desafío de abolir la larga lista de lugares comunes que empantanan y enlodan al periodismo escrito; por ejemplo, el desafío de desmenuzar frase por frase algunas crónicas brillantes del pasado inmediato. Del presente es más difícil porque el periodismo gráfico casi ha abandonado a la crónica como género, se lo ha regalado a la televisión. Un error levemente trágico del que no terminamos de hacernos cargo. Una cámara no es un cronista. Hay un alma de diferencia.
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